

Sin tener que hacer ningún esfuerzo y sin ninguna orden consciente , los músculos que rodeaban mis labios se contrajieron y respondieron a su sonrisa con otra que se extendió por mi rostro. Un extraño sentimiento de calidez me inundó la garganta, a pesar de la lluvia helada que se estrellaba contra mis mejillas
No hay comentarios:
Publicar un comentario